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LA DIOSA DEL OCÉANO

Tras navegar varios días en calma falleció el último miembro de mi tripulación, un hombre obeso al cual le había quedado la cara deformada por múltiples verrugas y cicatrices. Seguí mi camino solo, hacía un sol ardiente de verano justo encima de mi cabeza y no me quedaba nada de beber. Desesperado me lance al inmenso azul lleno de sal. Poco a poco fui quebrándome, me sentía débil, mis fosas nasales estaban rotas y me hundía en la oscuridad donde todas las criaturas diabólicas y malignas esperaban hincarme sus afilados colmillos. Entonces desperté. La diosa del océano me tenía en sus manos, ella de un kilometro de altura, con su infinito cabello rubio brillando furiosamente y sus inmensas alas blancas me engulló en sus fauces. Después me expulsó, pues su saliva era de oro y no había hombre que no pudiese resistirse ante tanto pecado. La entidad más hermosa del mundo me lanzó kilometros y kilometros por el cielo. Y ya nunca jamás volví a despertar…

EL MISTERIO DEL SOLITARIO

  Si hay un libro que me haya impresionado realmente es el misterio del solitario de Jostein Gaarder. Lo he leído muchas veces a lo largo de mi vida, pero aunque tenga diferentes edades siempre saco la misma conclusión: el horror de la soledad. El libro trata de un joven que naufraga en un bergantín desde América hasta Europa en mitad del Atlántico. Es el único superviviente. Sin embargo ese es solo el principio de su desgracia, pues llegará a una isla de la que no podrá escapar jamás. Y así empieza la historia del solitario Frode en la isla mágica, isla en la que por mucho que intente escapar y llegar al océano nunca se lo permitirá, ande cuanto ande y explore lo que explore la isla no tiene límites una vez te encuentres dentro de ella y lo peor es que no hay otros seres humanos. Frode en los primeros años de su vida en la isla enloquecerá y comenzará a convivir con los enanos, que son los amigos imaginarios de la baraja de cartas que trajo consigo en el naufragio. Frode, quizá con mi

Terraplanismo

Acostumbrado a mi vida en el continente, comencé a viajar mucho más allá de los confines de la Tierra.  Al principio solo había agua, luego hielo.  Caminaba y caminaba, atravesaba vallas y acantilados, pendientes, cumbres y cordilleras.  El sol dejó de existir, quizá nunca había existido.  Seguí caminando, aunque ya no sé si era con mis pies o simplemente soñaba que volaba entre los hielos antárticos.  Entonces en ese momento lo entendí todo, a mis pies se encontraba un mundo de hielos infinitos, y mientras flotaba entre ellos distinguía la luna, de manera inmensa, descomunal, como un faro azul en la eterno universo de la Antártida.  

Discurso premio gala Autismo España

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Sueño en el Val d'Arán

Ignacio tenía sueño aquella noche, sin embargo sus pensamientos y preocupaciones más profundos le inquietaban demasiado. Después de haber llegado al parador del Valle de Arán con sus padres se sentía dolido y asustado, después un extraño sueño despertó entre las neblinas de la noche. Notaba que tenía que hacerlo aunque no sabía el porqué. Salió de su habitación sigilosamente y abandono el parador, cruzo la valla, la carretera y comenzó  a subir a lo alto del monte. Cuanto más avanzaba más notaba que se acercaba a su destino, sin embargo notaba que le  observaban. Cuando llegó arriba del todo pudo ver el cielo estrellado y unos ojos que le miraban fijamente. Un montón de árboles con ojos ansiosos y colmillos brillantes y afilados se disponían a su alrededor. Ignacio no intentó resistirse, el sol salió por el este e iluminó el suelo donde había una mancha  roja que antes fue un ser humano

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